Gruñir puede ayudarte a cargar más (de todos modos, please no lo hagas).

Gruñir proporciona es extra “ooomph” que necesitas para levantar pesos más pesados, brincar distancias más largas e incluso soportar más dolor. Pero sigue siendo algo lamentable

¿Gruñir o no gruñir? He ahí el dilema de los nuevos en el mundo fitness y de las pesas. De acuerdo a estudios recientes,  deberían de hacerlo: Resulta que gruñir puede mejorar las habilidades de alguien para dar ese extra.

El primero de estos estudios, y probablemente el más convincente, fue  realizado por los  investigadores Chris Rodolico y Sinclair Smith del programa de Ciencias de la Salud de la universidad de Drexel, quienes le pidieron a 18 hombres y 12 mujeres que apretaran una empuñadura que registraría la fuerza empleada por cada participante.  Se les indicó a los participantes que apretaran de 3 diferentes maneras: En silencio, exhalando, y haciendo algún tipo de vocalización (en la mayoría de los casos, tomó la forma de un gruñido). Los investigadores encontraron que los participantes eran capaces de ejercer un 10% más de fuerza cuándo hacían algún ruido, a comparación de cuando hacían el ejercicio en silencio.

La razón exacta por la que los individuos que gruñen pueden evocar más fuerza es tema de debate, pero Smith ofreció la siguiente teoría en una entrevista reciente respecto al estudio. “Nuestra hipótesis es que gritar puede activar el sistema nervioso autónomo, el sistema que controla la respuesta de pelea o huida – ese sentimiento que te invade cuando te sobresaltas o espantas, ese rush de adrenalina del que mucha gente habla.  Y eso puede ayudar a que las contracciones musculares sean más completas e intensas.”

Estos investigadores no fueron los únicos que llegaron a la conclusión de que gruñir saca a la bestia interna. Un estudio del 2014 descubrió que los gruñidos incrementaban en promedio 7.2 kph la velocidad y potencia de los servicios de jugadores de tenis universitarios. Otro estudiorealizado durante el mismo año, encontró que gruñir puede incrementar la distancia de salto de un atleta, un 5.2% comparado con únicamente exhalar.

Gruñir no es la única vocalización que nos pone en marcha.  Maldecir (decir groserías) tiene un efecto similar  en nuestro umbral del dolor. Un estudio realizado en el 2009 en la Universidad de Keele, concluyó que los sujetos a los que les permitieron decir groserías, fueron capaces de aguantar que su mano fuera sumergida en agua helada un 50% más.  Se cree que esto es gracias a que las groserías  afectan una parte diferente de nuestro cerebro para regular el lenguaje – específicamente, un área llamada amígdala, la cual detona nuestra respuesta de pelea o huida que nos hace menos receptivos al dolor.

Habiendo dicho todo lo anterior, igual no lo hagas. El gruñido ocasional involuntario es aceptable, pero el deliberado, repetitivo gruñido es el sello distintivo de un meathead (imbécil) en busca de atención. El gimnasio es un espacio compartido y los comportamientos como este de “bestias de gimnasio” son una de las razones principales por las que mucha gente se incomoda. Y no cabe duda que un ambiente incomodo no es agradable para nadie, menos para los novatos en cuestión (¡Aunque no es razón suficiente como para que dejen de ir! Tampoco sean huevones).  Es por esto que ya existen gimnasios que tienen una estricta política de no-gruñidos, equipados con alarmas que se activan cuando alguien hace sonidos muy fuertes – ya que estos espantan a clientes.

Así que por favor – háganle el paro a sus compañeros del gym y opten por decir groserías como maniacos en voz baja.